Entrevista a la cantautora «vecina costense» Ana Prada

La Costa Digital inicia hoy el ciclo «Soy Costense», un proyecto que busca reconocer a las personas notables de nuestra comunidad. En Ciudad de la Costa, contamos con vecinos que se destacan en diversos ámbitos de la sociedad: artístico, educativo, científico, musical, deportivo, servicios comunitarios, entre otros. En La Costa Digital, entendemos que estas personas son auténticos tesoros locales, y nuestro objetivo es conocer sus historias y brindarles el reconocimiento que merecen.

 

Hoy presentamos a Ana Prada, cantautora con destacada carrera nacional e internacional. Nacida en Montevideo, oriunda de Paysandú, viviendo actualmente en Shangrilá. Su música se ubica dentro del folclore latinoamericano, fusionando varios géneros como el candombe, el pop, el rock y generando un estilo musical único y diverso.

 

SOY COSTENSE,

SOY ANA “VECINA” PRADA

La niña

Mi nombre es Ana Inés Prada Montován.

Nací un 1 de mayo del año 1971 en Montevideo, en el CASMU de la calle Garibaldi.

Cuando en la tardecita  llegó mi madre a dar a luz estaba todo el mundo en el acto. A los pocos días nos fuimos para Paysandú. Mis padres vivían en Paysandú, pero mis dos hermanas y yo nacimos en Montevideo, porque nuestros tíos eran médicos del CASMU y mamá se sentía más segura estando ellos cerca.

 

Mi padre es oriundo de Libertad, mis abuelos eran maestros rurales de la escuela número 17 Abner Prada, que lleva el nombre de mi abuelo en Colonia Italia, cerca de Libertad, San José. Cuando yo nací, ellos eran inspectores de la Unesco, tanto mi abuela Wanda como mi abuela Abner, entonces vivían en México, en Cuba, en Colombia, en Venezuela, anduvieron por muchos lados de América Latina con los planes de alfabetización.

 

La familia de mi madre es oriunda de Paysandú, los Montauván. Cuando mi padre, ingeniero agrónomo, va a Paysandú a hacer la pasantía de la Udelar conoce a mi madre, que estaba casi para casarse con otro señor, se enamoran, deja al otro señor y se casa con mi padre, y se quedan a vivir en Paysandú.

 

Me crié junto con mis abuelos maternos, que en una misma esquina construyeron dos casas, dos ranchos, dos ranchos literal,  con techo de quincho, una casa daba para la calle Tacuarembó, la otra casa daba para la calle de Libertad, pero el fondo era común. A mí eso me encantó,  poder tener la presencia de mis abuelos ahí, aladito, desde la ventana de las cocinas nos mirábamos, y yo siempre iba porque mi abuelo Montauván Machiarena, de origen vasco-francés, el vasco hacía tortilla de papa, siempre tenía tortillita de papa abajo de un repasador, todo el tiempo, a cualquier hora.

 

Hice la escuela pública número 2 José Gervasio Artigas, en plena dictadura, habían destituido a un montón de maestras. Había maestras nuevas, yo la pasé bastante mal en la escuela, no me gustaba ir. Mi madre trabajaba de ascripta en el Liceo Piloto, número 2 , que estaba frente a la Plaza Flores y nos mandaban a esa escuela porque mamá trabajaba en el liceo que quedaba enfrente, porque en realidad nosotros vivíamos en el barrio Zona Industrial, que es allá abajo, en la otra punta de Paysandú, que es cerca del obelisco, cerca del río, y aladito de las fábricas, que en ese momento funcionaban todas, funcionaba la Paycuero, la Azucarlito, Paylana, Norteña, la Aceitera estaba también en Paysandú, la fábrica de galletitas, la fábrica famosa de galletitas, bueno, había un montón en una ciudad muy industrial, por lo tanto un epicentro regional muy importante de gente que venía de todos lados, de Argentina y del resto del país a trabajar en Paysandú.

 

Nosotros nos tomábamos el ómnibus en la parada, en la esquina de casa, que nos miraban mis abuelos desde la puerta de la casa de ellos a una cuadra, pasaba el copay y nos bajábamos a la Plaza Flores, que por lo general nos esperaba mi madre, nos acomodaba el moño, nos limpiaba así con saliva un poco los cachetes y nos entraba a la escuela. Y a mí me acompañó siempre mi hermana Mariana, que es dos años mayor que yo, yo empecé a los cinco y mi hermana tendría siete. Así que ahí nos íbamos las dos en el ómnibus, pero ya el chofer y todo, ya sabía qué niños subían en qué paradas y a veces hasta nos esperaba si llegábamos tarde. Así que bueno, esa fue mi infancia en Paysandú, me crié libre en un barrio donde jugábamos todos los gurises juntos, entreverados, de todo tipo, de todo pelo, de todo color y tomábamos la leche, las puertas de las casas estaban abiertas, a veces llegabas y estaban tomando la leche y te ligabas también  otro pedazo de galleta y otro vaso de leche y jugábamos juntos mucho, mucho en el barrio. Hacíamos aventuras en el barrio, había terrenos baldíos, vivíamos fuera, vivíamos jugando afuera. Sabés que entrar, cuando te llamaban para comer, era ¡oh no, me llaman a comer! Así de nochecita ya, era bravísimo encontrarnos porque nos empatotábamos y jugábamos muy libremente. Eso es algo que yo agradezco mucho de haber podido tener la infancia en Paysandú y de jugar en grupo, de jugar en equipo, de ser líder en algunos juegos y no ser líder en otros y aprender a perder y aprender a ganar y aprender a compartir, eso a mí me lo dio el barrio y los gurises del barrio.

Descubrirse

Después, a los 19 años, más o menos, 19-20, bueno, hice el liceo también, el liceo público en Paysandú.

Hubo una época que viví en el campo, en uno de los trabajos de mi padre, en una estancia que trabajaba a 40 minutos de Paysandú. Íbamos y veníamos todos los días. Me gustó mucho. Ahí yo vivía trepada arriba de los caballos, tratando de ayudar y trabajar en lo que podía. Muy vinculada con el campo y con la naturaleza que me apasiona.

 

De Paysandú me fui  a Montevideo.  Yo  paraba en 8 de Octubre y Comandante Braga, ahí en la esquina de la sede Nacional, porque mis padres fueron comprando un apartamentito por el banco hipotecario, y mi hermana ya estaba estudiando Medicina y vivía  ahí, entonces yo fui derecho para ahí. Empecé a estudiar la Facultad de Derecho porque me tomaba el ómnibus y sabía que era derechito y no me perdía. No había GPS, no había nada en aquella época. Y me daba mucha vergüenza preguntarle a la gente dónde quedaban las cosas y también me daba miedo perderme. Entonces la Facultad de Derecho era derechito nomás, hasta que me torcí, porque la verdad que no me sentí ni ahí a gusto, no solo con la Facultad sino con la gente que había en la Facultad de Derecho, no me sentí para nada afín. Entonces abandoné Derecho, empecé un poco de Ciencias de la Comunicación, que empezó a mitad de año, hice medio un semestre.

 

Y después finalmente terminé estudiando Psicología, que terminé la carrera, empecé en la Universidad, después hubo una época de mucho conflicto personal, volví para Paysandú, y después terminé Psicología en un instituto que se llamaba ELICEF, como el ICEF de Educación Física pero con P de Psicología, que luego cuando sale la ley del psicólogo había que dar unos exámenes, había que hacer todo de nuevo la carrera, entonces como que me recibí en ese instituto, pero yo ya estaba en paralelo con la música, porque también cuando vine a Montevideo seguí con estudios de guitarra y eso, que yo ya había empezado a estudiar en Paysandú, así que seguí estudiando guitarra acá, en Montevideo, y en paralelo siempre, estudiando y también con la música.

 

Y bueno, viviendo experiencias nuevas, ser del interior en aquella época y venirse a Montevideo, debo reconocer que había un poco de discriminación, te miraban como que si fueras inferior, como que hablabas distinto, eso habla de la gran ignorancia del montevideano o la montevideana respecto de la riqueza y de la diversidad que hay en nuestro país, de ser tan chiquito, yo me sentí discriminada la verdad, en un montón de aspectos, y luego me fui armando, me fui haciendo amigas, amigos, amores, vida, empecé a adaptarme perfectamente, aunque extrañé un montón al principio.

La casa

Y digo que extrañé porque  mi casa fue siempre Paysandú, el rancho de Paysandú donde nos criamos, que aún existe. Desde que nací viví siempre en la misma casa y todavía está.

 

Mi madre falleció en el 2013, mi padre después se casó de nuevo, ya no vive permanentemente ahí, pero está, el rancho está funcionando.

 

Cada vez que voy a Paysandú voy al rancho, incluso hay una canción mía que se llama Camalotes Sueltos, que en un momento dice, mi rancho siempre me supo esperar, porque realmente lo siento así, siento que mi rancho de Paysandú está ahí como esperando.

 

Después mi casa pasó a ser un poco la chacra donde viví con Pata Kramer, pareja, compañera de vida, porque nos conocemos desde hace muchísimos años. No solo hemos sido pareja, sino también que hemos sido muy amigas y colegas en la música y en el canto y en el compromiso político. Entonces, esa también creo que fue lo siguiente que sentí como mi casa. Y ahora que soy madre, que tengo un hijo, mi casa siempre es y será donde esté mi hijo. Donde esté mi hijo, cerca de mi hijo, ahí va a ser mi casa.

La vecindad

Y actualmente me he sentido muy bienvenida y acogida y me adapté rapidísimo aquí en Ciudad de la Costa, en la zona de Shangrilá. Ya conozco a todo el barrio, soy muy amiga de la vecina, de los vecinos de un lado y del otro, de la gente del almacén, de la verdulera, voy a una verdulería, por lo general nunca me acuerdo qué días son las ferias y dónde, pero cada vez que paso por alguna feria digo me tengo que acordar qué tal día está acá la feria. Camino mucho por el barrio, ando mucho en bicicleta, voy a la playa, me parece un privilegio absoluto vivir acá en la Ciudad de la Costa, me parece que es de una calidad de vida extraordinaria que en muy pocos lugares del mundo se da la posibilidad de estar cerca de Montevideo de alguna manera porque mucha gente trabaja allá, no es mi caso, yo tengo un trabajo muy particular, no es que tengo horarios, pero por lo general tengo muchas cosas, a veces allá también en Montevideo, estás cerca y tenés la sensación de estar viviendo como en un balneario, tenés la playa más hermosa del mundo y una gente divina.

 

Ha sido una de las zonas que más ha crecido, fue increíble cómo creció tan rápido que no dio el tiempo de hacer el saneamiento, de hacer esto, hacer lo otro, que se fue haciendo paulatinamente y cada vez está más bella, cada vez se van pavimentando más calles, cada vez se ilumina, se va construyendo, lo que pasa que fue tan de golpe el crecimiento que lo leí hace años antes de vivir acá, que creo que fue un fenómeno mundial la velocidad que creció Ciudad de la Costa y se ha venido a vivir mucha gente de todo tipo, gente linda, gente así buena onda, muchos músicos, amigos, colegas, matrimonios con gurises de la edad de mi hijo, de Hugo, por lo tanto hay mucha gente más o menos de mi edad o que más o menos están viviendo la misma situación y siempre también está la casita que era de la abuela que antes era más que nada un balneario, ahora ya es una ciudad habitada permanentemente todo el año y creo que es una comunidad increíble, muy muy sólida. Digo que es una comunidad muy sólida porque por ejemplo la Comisión Fomento Shangri-La es un ejemplo de cómo se trabaja comunitariamente, uso mucho  las instalaciones de la Comisión Fomento, voy con Hugo muchísimo, también voy a la placita de los gansos que ahora se puso una exposición de fotografía. Yo creo que es una comunidad muy trabajadora y muy unida y eso es precioso, sentirte que de a poco vas perteneciendo, es lo más lindo que te puede pasar.

La artista

 

Bueno, tú me preguntas un poco sobre cómo es el artista y la persona.

 

En mi caso, y sobre todo creo que la música, es una de las artes donde el artista y la persona van juntas. Por ejemplo, los actores son actores y encarnan un personaje. Cuando están encima del escenario son ese personaje. Puedes hacer un trabajo para encarnar el personaje así como para después soltarlo. En cambio, yo creo que la gente que componemos, que cantamos, que hacemos música, cuando te subís al escenario seguís siendo vos. Además yo, que es como mi banda, mis discos, todos llevan mi nombrecito por delante, entonces en definitiva siempre soy yo. De alguna manera, además, yo en cada canción me narro. Es como no hay nada en mis canciones que realmente no me atraviese, no me haya sucedido o me haya atravesado porque le sucedió a otras personas u otras cosas que veo de la vida, de las injusticias. Sobre todo en mis canciones hay bastantes cosas relacionadas con la temática de género, con lo que nos pasa a las mujeres, o por lo menos la visión desde las mujeres, porque yo soy mujer y tengo la visión del mundo desde acá, desde este costado de la vida. Y un poco es como, para mí, muy difícil separar la persona del artista, de esa persona que después se sube al escenario. Ahora bien, creo que también hay una cierta separación. Por eso mi disco de la trilogía, el último, que yo hice, soy sola, soy pecadora, soy otra, la trilogía primera que hice, el soy otra creo que toca un poco eso también, que tiene que ver con que si bien yo soy la misma persona y me atraviesan los mismos dolores y las mismas alegrías cuando canto la canción una y otra y 500 veces quizás la misma canción, me pasan las mismas cosas, para la persona que te está mirando, ¿qué pasa cuando voy a ver a otros artistas o a otras músicas? Vos proyectás, vos ponés cosas en esa persona que se sube a un escenario, que cuenta determinadas cosas, proyectás cosas de tu propia vida. Entonces ahí sí yo creo en que el artista se transforma en otra cosa, en esa cosa que es de los demás, del otro, del que te está mirando, de la persona que está mirando, o de la persona que está escuchando, que carga de sus propias cosas, de sus propios sentimientos, esas palabras y esa música que vos pusiste ahí, quizás por las mismas cosas, a veces las canciones coinciden, cuando las canciones son directas y claras y hablan por ejemplo de una despedida, hay gente que se identifica y también está en un proceso de duelo o lo que sea y se identifica directamente y bueno, estamos como ahí.


La creación

 

Muchas veces me dicen, yo pensé que en esta canción hablabas de tal cosa y en realidad yo estaba hablando de otra, por eso te digo que ahí sí se da como una distancia, una otredad, que es cuando la canción va sola y las personas la toman para sí. Ahí el artista y la persona, o sea la persona que escribió esa canción, yo creo que en ese momento sí se separan, porque la canción ya no es tuya, ya se va, ya es de otras personas y eso está buenísimo que suceda, yo creo que es esencial, es maravilloso. Y un poco también te contesto eso, que también me preguntabas sobre el dolor de la creación y el dolor en la creación, yo creo que en el proceso de crear una canción siempre hay dolor, siempre hay emoción, no sé si siempre hay dolor, dolor así, hay cosas mezcladas, a mí me pasa, yo te puedo hablar por mí, porque no sé cómo son los procesos de las otras personas que crean alguna canción, pero es como que a mí me atraviesa una emoción y cuando abro esa puertita para ir a buscar ahí, para componer, para conectar con esa emoción, siempre hay algo que se te remueve, que por lo menos a mí me tiene que emocionar, yo muchas veces he terminado componiendo canciones o mientras las compongo lloro un montón, lloro cantidad, a veces de alegría, a veces porque me emociona, a veces porque esa emoción de hablar de un nacimiento, como por ejemplo Hojas de Tilo. Es una canción que habla de cuando nació mi sobrino Joaquín, pero que después en realidad habla de los nacimientos en general y de la inexperiencia y del miedo que te da un ser nuevo, una mano, “todo lo que están haciendo en una parte es inexperto, como el gesto de mi mano que te muestra”, o sea, esa mano que toma un niño recién nacido con la inexperiencia absoluta y el miedo y todo lo demás, es una canción que en realidad es de celebración, es de vida, pero igual a mí me hacía llorar a veces porque me emocionaba en esos costados, en esas aristas de las emociones.

 

Y también, bueno, canciones que hablan directamente de despedidas, de adioses, es difícil a veces componer y abrir esos cajoncitos que más o menos tenés ordenados en tu corazoncito, los tenés todo prolijitos, y bueno, ir a componer es ir a remover emociones. Y también las canciones ayudan mucho a transitar la melancolía, estás como con recuerdos de cosas, como extrañando la melancolía, tiene eso, algo que ya pasó y no sucedió, algo que se perdió, quedarse como rumiando en un hecho, a veces la canción es liberadora, como cualquier otra manifestación artística o como determinadas acciones o acciones incluso a veces colectivas, ¿no? Ayuda a transitar la melancolía, ayuda a cerrar cosas, a cerrar ciclos.

 

Yo estoy muy agradecida a la vida de poder contar y cantar mis emociones, o sea, que en definitiva son cosas muy propias, incluso hasta canciones que he compuesto con otras personas.  Son momentos muy lindos, muy movilizadores, muy que entrás como en un proceso precioso de compartir emociones, de mezclar emociones, y eso es sanador, en algún punto para mí es sanador, y si de alguna u otra manera alguna canción le puede servir a alguien más para transitar esas cosas, también cerrar algún proceso o despertar algún proceso, me parece que es como la misión más importante que podamos tener. Sobre todo algún proceso crítico, algún proceso de pensamiento, por ejemplo en el disco Soy pecadora, que salió hace más de diez años, me vivían preguntando sobre la diversidad, sobre mi sexualidad, sobre las mujeres, y esa canción mucha gente me ha dicho que le ha servido para un montón de cosas, para cuestionarse cosas propias, para contar a sus padres determinadas cosas, o sea, cuando pasa eso, cuando alguien te devuelve eso, para mí es como que valida o me reafirma que en este camino puedo aportar algo, un granito de arena para alguien.

La madre

 

Yo tengo una canción que hice para cuando nació mi sobrino Joaquín, en cambio no tengo ninguna canción para Hugo que es mi hijo, que es mi hijo gracias a un avance muy grande en la agenda de derechos en este país, que fue llevada adelante por el Frente Amplio porque la mayoría de la gente de la oposición no apoyó determinadas leyes que por suerte salieron y por suerte de a poco no solo existió la posibilidad de maternar una mujer menor de 40 años aunque no tenga un compañero que la acompañe o tenga una compañera que la acompañe en eso de criar y maternar. Las parejas homosexuales nos pudimos casar, conseguimos ese derecho de poder formar – en los papeles también  dado que eso ampara en determinadas situaciones- una familia, un núcleo familiar con derechos.

 

Ser madre es como algo que jamás me hubiera animado ni a pensarlo,  algo tan imposible que pudiera suceder en mi vida personal, en mi opción sexual, que no me lo permitía ni pensarlo, y ahora con el avance de la agenda de derechos empezamos a pensarlo, se dio una situación de vida, de pareja, de estabilidad, etcétera, que también nos lo permitió y también un poco nuestro entorno. No voy a decir que el mundo cambió porque el mundo en un montón de lugares no cambió nada y la barbarie continúa y estamos muy atrás como especie, como especie humana en muchos lugares del planeta, pero por lo menos en este entorno, en el río de la plata, en mi Uruguay, la cosa se fue, fuimos madurando como sociedad, fue cambiando y tampoco la idea era traer un niño a un mundo hostil, a un mundo que lo señale con el dedo, a un mundo que lo discrimine como quizás sí me pasó a mí en Paysandú cuando yo era jovencita.

 

La idea no es traer por un deseo egoísta o personal de quiero ser madre, traer a alguien que la pase mal, simplemente por tener dos mamás. Pero como la cosa, la agenda de derechos y junto con la agenda de derechos, la cabeza de algunas personas, no voy a decir de todas, pero de la mayoría, tendremos que aprender a convivir con aquellas personas que sí, que sí entienden y que sí respetan la diversidad y por suerte cada vez somos más, nada, ahí vino Hugo y para mí fue un cambio absoluto, hay un antes y un después en mi vida y es un amor único e inexplicable que no se puede explicar con palabras, es como una parte de mí, es como que jamás me podría imaginar el mundo y la vida sin él, mi casa está donde esté él, el eje de mi existencia está en torno a su crianza, a su escolarización, a su comunidad, a los amigos que vaya haciendo a lo largo de la vida.

 

Es maravilloso maternar y seguir con la vida, porque no es que se frena, yo sigo con mi trabajo, sigo componiendo todo, pero todo cambia, por ejemplo, antes me iba de gira, cantidad de días, ahora no me quiero ir más de 5, 4, 5 días porque extraño cantidad y quiero volverme como loca, entonces también el trabajo se ordena en función de eso, nada, somos dos por suerte, dos madres, estamos las dos muy presentes, las dos nos manejamos muy bien con los tiempos. Es una generación creo la nuestra, tú me lo planteás ahí que rompió barreras, yo tengo  52 años,  soy de una generación donde en mi casa no había teléfono porque no había borne, después viví en el campo con un teléfono a manija que te atendía una operadora, después el mundo empezó a cambiar a una velocidad extraordinaria. Me siento de una generación que vio cambiar muy rápido un montón de cosas y además con una sexualidad determinada, o sea, y luchando también por las mujeres, por los feminismos, nada, una generación que rompió un montón de barreras y que por suerte a través de las luchas de otras mujeres y a través del apoyo de los gobiernos progresistas, me he sentido mucho más amparada y mucho más protegida como para poder llevar adelante un montón de sueños que no hubiera podido imaginar hace 20 años atrás, 30 años atrás. Así que creo que sí, que soy parte de una generación que rompió barreras.


La pasión

 

¿Y qué me apasiona? ¿Qué me apasiona? Y mirá, me apasionan tantas cosas, me apasiona mucha cosa, ese es el problema, es como que no tengo algo definido y claro. Me apasiona la naturaleza, me apasionan, me apasiona la biología, los bichos, la magia esa. Yo creo que cuando yo digo Dios está ahí, está en la biología, está en la naturaleza, en la maravilla que es todo, desde mirar el funcionamiento de un hormiguero hasta, no sé, hasta toda la cadena, hasta los mamíferos.

 

Y después también algo que me apasiona mucho es la especie humana, tratar de comprender la especie humana. Tengo muchos libros que tienen que ver con la historia de la humanidad, desde sus comienzos hasta ahora, tratar de ver qué va a pasar en el futuro, me asombra absolutamente la especie humana en lo bien, en la creación, en lo que se ha logrado, en la obra humana, en un montón de cosas como colectivo, como animal que logra percibir al otro, ponerse en el lugar del otro y trabajar para el otro también, como especie creo que eso es un diferencial, la solidaridad, la compasión, la unión para beneficiar a quien más lo necesita, creo que eso es algo que tenemos que tener más presente que nunca porque últimamente el mundo apunta al individualismo, apunta al de salvate vos, post-pandemia ni qué hablar, el enemigo pasó a ser cada vez más el otro, el otro ser humano, por eso es tan importante para mí la comunidad, el barrio, la ciudad de la costa en sus distintas organizaciones, tiene mucho de eso y nada, me apasiona la especie humana, leo mucha filosofía, leo muchas cosas que tienen que ver con las religiones, por qué prosperan las religiones, qué es lo que necesitamos, cuál es nuestro vacío existencial tan profundo que no lo logramos llenar con nada y lo llenamos muchas veces con cosas materiales que no nos llenan y entramos como en ese ciclo consumista y por eso prosperó también tanto este capitalismo feroz donde creemos que teniendo somos y nada, me apasiona, sí, me apasiona eso, la especie humana pero también formando parte de una biodiversidad que nos contiene y que nosotros debemos respetar más, tenemos que entendernos más en ese ecosistema del cual formamos parte y que también formamos parte de una comunidad, somos en este planeta que es uno, somos todos, todos somos uno y no lo digo así esotéricamente, lo digo como que somos habitantes los más dañinos y los que también podemos hacer un cambio fundamental, estar en nuestras manos como especie, eso me apasiona y leo mucho al respecto.

El abrazo

Bueno, muchas gracias vecina por esta conversación, muchas gracias a la comunidad de acá, de Shangrila, de Ciudad de la Costa por recibirnos y  por mucho más cosas, por generar cosas más bellas para todas y todos. Un beso.

 

 

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