Lo que el nombre de tu calle puede contarte: hoy MARTA GULARTE.

Fermina Gularte Bautista, más conocida como Martha Gularte (1919-2002), uno de los mayores íconos del candombe la cultura popular uruguaya, a la que nuestra institución recuerda con emoción en esta fecha tan significativa.

 

Las estolas de piel, plumas de faisán y exuberancia de joyas fueron sus marcas de estilo más impresionantes, desde que subió por primera vez a un escenario en Añoranzas Negras, la comparsa en la que brilló desde 1949 y de la que fue su referente por años.

Martha tuvo una infancia y juventud humildes. Nació en el pequeño pueblo tacuaremboense de Paso de Los Novillos, donde hoy una escuela rural lleva su nombre. Fue la hija más pequeña de un brasileño negro y una joven blanca, pero se crió en orfanatos, tras la temprana y repentina muerte de su padre y la partida de su madre, hechos que pautaron una infancia y juventud bastante duras. Esos trazos amargos también determinaron una personalidad dominada por el cariño, respeto y dulzura hacia afuera, pero también por una fuerte rectitud hacia el interior de su familia, reconoce su hija Katy.

«Cuando estás sola en esa batalla tenés que hacerte fuerte, porque nadie te defiende», decía.

Su primer concurso de baile lo ganó a los 14 años, sin que los responsables del orfanato donde vivió luego de la muerte de sus padres, se enteraran.

Deslumbrante también fue su debut como vedette, bailando al ritmo frenético de los tambores, «con muchas plumas, un pequeño soutien y altos tacones» -señala Domínguez- tras recordar que ella fue pionera en danzar al frente de la cuerda, porque decía que «era la reina de la tribu». (Búsqueda nro. 2005, 25 al 30 de enero de 2019).

Sus aportes a la comparsería también se componen con la incorporación del calzado al cuerpo de baile femenino, una acción de apariencia insignificante, pero que dignificó el rol de la mujer en las agrupaciones de negros y lubolos.

También a ella se atribuyen las lentejuelas en la indumentaria, así como «el mayor brillo y la luz», evoca Katy.

Esa personalidad innovadora, decía Katy, era como respuesta a una sociedad donde primaban las restricciones y el conservadurismo.
«Así deberían recordarla las nuevas generaciones», concluye Katy.

Marta también se nutrió de una fuerte religiosidad, donde la Biblia fue una fiel compañera de camino a lo largo de sus 82 años.
«¿Por qué rezas tanto, mamá?, le preguntó Katy alguna vez. «Es que he pecado tanto…», respondió jocosamente Martha, haciendo gala, como tantas veces, de una personalidad inteligente y desafiante, a la que se unió una presencia escultural en escena.

Martha fue también poeta y escritora, actividades marcadas por un hecho particular de su infancia: conoció en persona a Juana de Ibarbourou.
Entre sus obras destacan «Con el alma y el corazón» y «El barquero del Río Jordan – Canto a la Biblia», así como una aguda y desgarradora crónica del desalojo de los conventillos de Cuareim y Ansina, a los que conoció como la palma de su mano.

Debutó en Añoranzas Negras. Brilló en Morenada en los años sesenta. En 1982 fundó su propia comparsa: Tanganika. Participó en desfiles con la comparsa Marabunta. Se retiró en Kanela y su Barakutanga.

Marta falleció el 12 de agosto de 2002 a los 82 años.

 

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