Vecinos denuncian que la Intendencia se maneja como una empresa familiar y que el poder se sostiene a base de miedo, coimas y acomodos. “Todo se compra, todo se arregla. Y si hablás, quedás afuera”, dicen.
Una ola de indignación y silencio recorre Rocha. Calles donde se susurra más de lo que se habla. Oficinas donde los gestos valen más que las palabras. Barrios donde todos saben lo que pasa, pero pocos se animan a decirlo en voz alta. La razón: el miedo. Miedo a perder el trabajo, miedo a que te bajen del plan, miedo a quedar marcado.
“Te dan un contrato por tres meses y te lo renuevan si sos obediente. Y si no… afuera”, contó un vecino que trabaja como zafral y pidió no dar su nombre por temor a represalias. “Acá hay ediles que cambiaron votos por cargos, eso lo sabe todo el mundo. Rocha está podrida”, agregó.
Fideicomiso, cargos y “palo verde y medio”
En los últimos días se conocieron audios donde un edil admite que el intendente habría recibido “coimas” por obras financiadas con el fideicomiso Rocha Crece Contigo. “Le debe quedar por lo menos un palo verde y medio”, dice, en referencia al supuesto dinero recibido por “transas” con empresas. No es un secreto: en el almacén, en la parada del ómnibus, en las redes, todos lo comentan.
“Hay gente que consiguió laburo en la Intendencia por repartir listas. A otros los sacaron porque dijeron que iban a votar distinto. Esto es así: o te alineás o te aplastan”, denunció otra vecina del Chuy, indignada.
Licitaciones dirigidas y acomodos familiares
“No sabés la cantidad de contratos que se dieron a una fundación que dirige la hermana de un jerarca. Licitaciones hechas a medida, en pleno verano, con una sola oferta. Una tomada de pelo”, señala un comerciante de Lascano que también pidió anonimato.
Mientras tanto, la ciudadanía se siente rehén. “No te podés quejar porque te cierran la canilla. Pero ya es mucho. Rocha no puede seguir gobernada por una red de acomodos, coimas y amenazas”, advierte un docente retirado.
Votar sin miedo
A pocos días de las elecciones, el mensaje en los barrios empieza a cambiar. “¿Sabés qué? El voto es secreto. No hay forma de que sepan a quién votás. Ya estuvo. Que se vayan todos”, lanza una joven en Punta del Diablo, cansada del miedo.
Porque eso es lo que empieza a crecer en Rocha: la bronca. Silenciosa, pero firme. Y una convicción que se abre paso entre la resignación: el miedo no puede seguir gobernando el departamento.